Las Bandas

El cortejo procesional está frente a ti, puedes ver cada detalle de la decoración, la túnica del Nazareno y el esfuerzo de los cucuruchos bajo el anda y por un momento la emoción llega a la cúspide… acompañada de una melodía que aunque no conoces, parece ser el acompañamiento perfecto para este momento. El resultado es impresionante, dentro de ti un torbellino de emociones salen a flor de piel y probablemente – mientras ves los ojos del Nazareno – las lágrimas fluirán.

La música que causa este efecto es la que acompaña a los cortejos procesionales y que proviene de una banda que tocará y caminará con la procesión desde el momento de la salida hasta la entrada, sin importar la cantidad de horas que esto tome.

Foto por: Sofía Letona
Foto por: Sofía Letona

En la mayoría de las procesiones, habrá una banda que acompañe al Nazareno y una que acompañe a la Virgen (que va detrás del Nazareno).

Esta orquesta – que puede estar formada por 30 hasta 70 músicos– utiliza instrumentos de viento madera (clarinetes y pícolos), viento metal (trompetas, trombones y saxofón) y percusión (bombos, platos, redoblantes, timbales y no puede faltar la lira) para poder crear melodías que alimenten el espíritu.

Durante el camino, seguirán celosamente las partituras que se les hayan entregado y el director se asegurará de que en el repertorio no falte la marcha que ha sido creada (en algunos casos) de forma específica para la imagen de la iglesia a la cual pertenece la procesión. A un ritmo de entre seis y ocho marchas por hora, la banda puede llegar a tocar más de 100 marchas durante el recorrido.

Sin lugar a dudas, la música es una parte importante de esta conmemoración que dura más de cuarenta días y estos artistas anónimos, que visten de colores oscuros y caminan justo detrás de la procesión son los encargados de crear un ambiente musical que complemente la experiencia de ver pasar una procesión o llevarla en hombros.

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